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Rutina facial “Zero Waste”

Hace varios años mi rutina facial cambió radicalmente, antes utilizaba mil productos diferentes, pero al investigar más sobre el zero waste y ver la cantidad de residuos que se generan en el baño, decidí cambiar por completo los productos que estaba utilizando hasta el momento y optar por una rutina facial zero waste

¿Sabías que todas las bolitas que encuentras en la mayoría de los exfoliantes faciales son plásticos? Contienen concretamente polietileno (PE), polipropileno (PP), tereftalato de polietileno (PET). Si quieres saber más sobre los tipos de plásticos, puedes echar un vistazo a este artículo que publicamos hace una semana.

Muchos de los productos de higiene y cosmética contienen microplásticos, que acaban en los mares y océanos dañando al planeta y a los seres vivos que habitan en él.

Entonces, ¿qué puedo hacer para que mi rutina facial sea más sostenible?

Lo primero que debes hacer es gastar todo aquello que tienes hasta ahora, es decir, que si aún te quedan algodones desmaquillantes de usar y tirar o algún producto sin acabar, termínalo y cuando tengas que reponerlo, opta por cualquiera de estas opciones.

Limpieza

Para limpiar la piel, te recomiendo que utilices un jabón facial sólido. Es la alternativa perfecta, no contiene plásticos ni en su envase ni en su composición. Además, te durará mucho más tiempo y es mucho más cómodo de llevar, por ejemplo al gimnasio y hasta de viaje hasta en avión. Todo esto cuando podamos salir, claro 😉

Es muy fácil de usar, sólo tienes que humedecer tu rostro y frotar la pastilla con tus manos para que salga el producto. Luego, déjalo secar para poder utilizarlo de nuevo.

Puedes ayudarte de una esponja de konjac para limpiar en profundidad, eliminar impurezas, cerrar los poros y combatir el acné. Además, realiza una suave exfoliación en la piel, sin dañarla. Su fibra es alcalina y ayuda a equilibrar el ph de nuestra piel.

Sólo tienes que humedecer la esponja con agua templada, aunque también puedes dejarla en remojo durante 2 minutos, y cuando esté blandita, masajea con ella tu rostro en movimientos circulares. Cuando acabes, aclara tu esponja con agua, pero no la retuerzas para quitarle el exceso, y déjala que se seque en un lugar ventilado.
Lo bueno de esta esponja es que es natural, proviene de la raíz de una planta llamada amorphophallus konjac, y es biodegradable.

Después de la limpieza, puedes aplicar un tónico en tu rostro. Yo utilizo uno que hago en casa, gracias a la receta de Saray, @srta.botanica, os recomiendo que paséis por su perfil porque además de dar unos tips maravillosos, es un gusto poder hablar y su feed transmite paz.

Este tónico está hecho hecho a base de pepino y té verde, y cuando me lo aplico siento la piel mucho más fresca y limpia.
Normalmente me lo aplico con unos discos desmaquillantes de algodón reutilizables, así utilizo menos producto para todo el rostro.

Hidratación

El último paso de la rutina facial, hidratar la piel. Existen alternativas sólidas, pero lo cierto es que aún no he encontrado ninguna que me guste su resultado, así que, por el momento, opto por utilizar aceites esenciales.
Si sientes que tu piel necesita un extra de hidratación, puedes utilizar aceite de argán, oliva o almendras, mientras que si tu piel tiende a ser grasa, te aconsejo que pruebes el aceite de jojoba.

Exfoliación

Para exfoliar opto por los discos de luffa, que realizan una suave exfoliación limpiando el rostro, eliminando células muertas y el exceso de grasa.
La luffa es un vegetal que pertenece a la familia de las calabazas y los calabacines y es un producto 100% biodegradable.

Son muy fáciles de utilizar, sólo hay que humedécelos con un poco de agua y pásalos por el rostro, después, se aclaran con agua y se dejan secar en un sitio ventilado sin humedad.
En mi caso, exfolio mi piel una vez a la semana, dos como mucho si noto que lo necesita, pero no más.

Espero que te haya gustado este post y que te de unas ideas para incluir en tu rutina facial.
Te espero el jueves que viene,
Andrea

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